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Actualidad del Medio Ambiente - Reciclaje

América Latina frente a la basura


La Cumbre Latinoamérica Recicla discute cómo avanzar hacia un modelo de gestión sustentable de residuos sólidos


Un alud de basura sepultó hace ahora seis años a más de 100 personas en un vertedero a cielo abierto de Ciudad de Guatemala. A pesar de aquella tragedia, unas 10.000 siguen trabajando allí en unas condiciones infernales, rebuscando material reciclable entre toneladas de desechos a cambio de apenas siete dólares al día. 

La imagen de los vertederos a cielo abierto de América Latina dista todavía bastante de ser un recuerdo del pasado, pero la región sí parece tener ya una voluntad de sustituirlos paulatinamente por los llamados rellenos sanitarios; algunos países como Colombia han logrado ya prácticamente erradicarlos. Los vertederos son solo un aspecto del complejo ecosistema de las basuras en Latinoamérica donde convergen múltiples intereses y actores y donde predomina una gran realidad: la del millón y medio de personas, según cifras del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que se dedican al reciclaje informal en las calles.

La Cumbre Latinoamérica Recicla reunió el 13 y 14 de marzo en Bogotá a Gobiernos, empresas, organismos multilaterales de crédito y recicladores de más de 20 países del continente y el Caribe para debatir sobre los desafíos que supone avanzar hacia el reciclaje inclusivo en tiempos de economía circular y pensando en esquemas de gestión de residuos sólidos desde la perspectiva del reciclador. 

“En América Latina llegamos muy tarde a la gestión sostenible de recursos solidos. Nuestro propósito no puede ser solo limpiar las ciudades, sino convertir la basura en un insumo con valor para la economía y un activo para la sociedad. En el caso de América Latina, que tiene recicladores de oficio, hacerlo con ellos porque, además, son la principal fuente de material reciclable para la industria transformadora”, dice Ricardo Valencia, director estratégico de la Iniciativa Regional para el Reciclaje Inclusivo (IRR) una alianza entre la Fundación Avina, la división de Agua y saneamiento del BID, empresas privadas sensibilizadas y organizaciones de recicladores y el FOMIN, laboratorio de innovación del Grupo BID.

El reciclaje informal en América Latina, siempre estigmatizado, ha ganado reconocimiento gracias al empuje de las organizaciones de recicladores integradas en la Red Latinoamericana de Recicladores (Red Lacre) y que desde años vienen fortaleciéndose, reivindicando derechos e incidiendo en la construcción de políticas públicas. Los recicladores pasaron de ser vistos como un problema a ser unos aliados para el desarrollo sostenible, con un papel esencial en la cadena de valor de la industria del reciclaje. 

Fueron invisibles hasta que muchas ciudades latinoamericanas se empezaron a dar cuenta de la importancia del reciclaje. “Hubo que empezar a trabajar con los recicladores porque eran los únicos que ya lo estaban haciendo, pero eso requiere acompañar a sus organizaciones para que hagan el tránsito exitoso de sus condiciones de informalidad y vulnerabilidad a condiciones de prestadores de servicio: No es un camino fácil”, señaló Sean McKaughan, presidente de la Fundación Avina.

Ciudades referentes

El reciclaje con inclusión empezó a abrirse camino. Perú y Brasil fueron los primeros países de la región en aprobar leyes nacionales de aprovechamiento de residuos sólidos que reconocía como prestadores de un servicio público a los recicladores. Lo mismo hicieron Colombia y Chile. Para la Fundación Avina, la expectativa a medio plazo es que al menos 10 grandes ciudades y 150 municipios más pequeños de Latinoamérica implementen reciclaje inclusivo en sus sistemas de gestión de residuos. 

Bogotá, Buenos Aires o Sao Paulo ya lo hicieron y se consideran las urbes que más han avanzado en la inclusión de sus recicladores impulsando normativas que los reconoce legalmente y les retribuye para que mejoren sus ingresos por la venta de los materiales que reciclan. En la capital argentina, la remuneración puede llegar a unos 400 euros. Otras localidades más pequeñas también tienen ya modelos de gestión de residuos con inclusión que se han convertido en referentes. Es el caso de las brasileñas de Londrina y Bello Horizonte, de Cuenca en Ecuador o de Peñalolén, en la zona metropolitana de Santiago de Chile. Todas ellas presentaron su modelo en la cumbre.

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